España volvió a tocar la gloria. La Roja se consagró campeona de la Copa tras derrotar 1-0 a Argentina en la gran final disputada en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, en un partido que se definió en el segundo tiempo de la prórroga con un gol histórico de Ferran Torres.
El equipo dirigido por Luis de la Fuente fue superior durante gran parte del encuentro, dominó desde la posesión, presionó alto y generó las ocasiones más claras. Argentina resistió gracias a una actuación monumental de Emiliano “Dibu” Martínez, pero terminó cediendo ante la insistencia española.
Con este título, España consigue la segunda Copa de su historia, igualando a selecciones como Francia y Uruguay en cantidad de estrellas. Además, confirma el inicio de una nueva era dorada, después de haber ganado también la Eurocopa y la Nations League en este ciclo.
La final tuvo un desarrollo muy claro: España propuso y Argentina resistió. Desde los primeros minutos, la Roja intentó adueñarse del balón, mover a la defensa argentina y encontrar espacios por los costados.
Antes de los cinco minutos, Lamine Yamal tuvo una ocasión muy clara para abrir el marcador, pero entre Lisandro Martínez y el Dibu Martínez evitaron el gol. Esa jugada marcó el tono del partido: España atacando con paciencia y Argentina obligada a defender muy cerca de su área.
La Albiceleste apostó por un plan más conservador, intentando cerrar espacios y sostener el empate. Sin embargo, le costó muchísimo generar peligro. Unai Simón prácticamente no tuvo intervenciones importantes durante el partido, reflejo del gran trabajo defensivo español.
El gran responsable de que Argentina llegara con vida a la prórroga fue Emiliano Martínez. El arquero argentino firmó una actuación extraordinaria, con varias atajadas decisivas y un total de 11 paradas que sostuvieron a su equipo en los momentos más difíciles.
El partido cambió aún más sobre el final del tiempo reglamentario, cuando Enzo Fernández fue expulsado por doble amarilla tras una fuerte entrada sobre Pau Cubarsí. Argentina quedó con diez hombres justo antes del alargue, y España aprovechó esa superioridad para intensificar su dominio.
La recompensa para España llegó en el minuto 106. Lamine Yamal lanzó un centro al segundo palo, Nico Williams ganó por arriba y asistió de cabeza a Ferran Torres, quien apareció en el área para definir con un remate zurdo que venció al Dibu Martínez.
El gol tuvo un valor histórico. Ferran Torres se convirtió en el héroe de la final y le dio a España una nueva imagen para la eternidad, 16 años después del gol de Andrés Iniesta en Sudáfrica 2010.
El delantero ya había tenido participación importante en el torneo, pero su aparición en la final lo coloca en un lugar especial dentro de la historia de la selección española. Su gol no solo decidió un partido: bordó la segunda estrella en la camiseta de la Roja.
Argentina intentó reaccionar en los minutos finales, principalmente con balones parados ejecutados por Lionel Messi. La ocasión más clara llegó con un remate desviado de Giuliano Simeone, pero España resistió con orden y manejó los últimos instantes con madurez.
Cuando llegó el pitazo final, la celebración española explotó en Nueva Jersey. España era campeona del mundo otra vez.
El camino de España no empezó sin dudas. En su debut, la Roja empató 0-0 ante Cabo Verde, un resultado inesperado que generó cuestionamientos sobre su capacidad ofensiva y su contundencia en los últimos metros.
Sin embargo, aquel tropiezo inicial terminó siendo apenas una advertencia. España reaccionó con autoridad, goleó a Arabia Saudita y luego venció a Uruguay por la mínima para cerrar una fase de grupos sólida y terminar como líder de su zona.
En dieciseisavos de final, el equipo de Luis de la Fuente dio una muestra clara de crecimiento al golear 3-0 a Austria. Luego llegó uno de los cruces más exigentes del torneo: Portugal. España venció 1-0 al equipo de Cristiano Ronaldo y confirmó que también podía competir en partidos cerrados.
En cuartos de final, la Roja superó 2-1 a Bélgica en un duelo intenso, con Mikel Merino apareciendo como uno de los grandes revulsivos del torneo. En semifinales, España firmó una de sus actuaciones más completas al vencer 2-0 a Francia, que llegaba como una de las principales favoritas.
Finalmente, en la final, volvió a demostrar su superioridad ante Argentina. Desde el debut lleno de dudas hasta la consagración en el MetLife Stadium, España fue creciendo partido a partido hasta convertirse en la selección más completa de la Copa.
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España fue campeona siendo fiel a una identidad muy clara. El equipo de Luis de la Fuente dominó la mayoría de sus partidos desde la posesión, el control del mediocampo y la presión tras pérdida.
La Roja no solo tenía la pelota por tenerla. La usaba para ordenar el partido, quitarle ritmo al rival y reducir al máximo las situaciones de peligro en contra. Esa capacidad para controlar los tiempos fue una de las grandes claves del título.
Durante toda la Copa, España consiguió que muchos rivales jugaran incómodos. Portugal, Bélgica, Francia y Argentina sufrieron para generar ocasiones claras, porque el equipo español logró imponer su estructura y protegerse desde el balón.
El dato más fuerte es defensivo: España recibió apenas un gol en todo el torneo. Aunque Unai Simón respondió cuando fue exigido, el mérito también fue de todo el sistema. La defensa, los laterales, los centrales y el mediocampo trabajaron como una unidad muy sólida.
España fue el equipo más balanceado de la Copa. Atacó con criterio, defendió con orden y manejó los partidos con una madurez muy difícil de igualar.
Rodri fue elegido Balón de Oro de la Copa y su premio resume perfectamente lo que fue España. El mediocampista volvió a demostrar que es uno de los jugadores más importantes del fútbol mundial.
Su influencia fue total. Rodri controló el tempo de los partidos, ordenó la salida, marcó los ritmos y le dio equilibrio al equipo. Cuando España necesitaba acelerar, aparecía. Cuando debía pausar, también.
Ya ganador del Balón de Oro a nivel individual en su carrera, Rodri suma ahora un reconocimiento mundialista que confirma su lugar entre los grandes mediocampistas de esta era.
A su lado, Fabián Ruiz también tuvo un torneo muy alto, aportando llegada, pase y lectura en campo rival. Dani Olmo fue importante en la creación, mientras que Mikel Merino terminó siendo una pieza decisiva desde el banco en las rondas finales.
El mediocampo español fue el corazón del campeón. Desde ahí nació la superioridad que luego se trasladó al resto del campo.
España construyó su título también desde una defensa extraordinaria. Recibir solo un gol en toda la Copa no fue casualidad: fue consecuencia de un equipo corto, ordenado y muy concentrado.
Pau Cubarsí y Aymeric Laporte formaron una zaga central de enorme nivel. Combinaron juventud, experiencia, buena salida y agresividad para defender hacia adelante. En partidos de máxima exigencia, respondieron con mucha personalidad.
Los laterales también fueron puntos altísimos. Marc Cucurella volvió a mostrar intensidad, lectura defensiva y capacidad para proyectarse cuando el equipo lo necesitaba. Pedro Porro, además, fue importante tanto en defensa como en ataque, incluso marcando en la semifinal ante Francia.
Unai Simón completó un torneo muy serio. No tuvo que ser figura en todos los partidos porque España defendió muy bien como equipo, pero transmitió seguridad y respondió cuando fue necesario.
La defensa española fue una de las grandes razones por las que la Roja pudo dominar la Copa de principio a fin.
Lamine Yamal llegó a la Copa como una de las grandes atracciones del torneo. Aunque quizá se esperaba una versión todavía más explosiva, su influencia fue importante, especialmente por derecha, donde generó desequilibrio, atención constante y la asistencia previa al gol más importante de la final.
Álex Baena también tuvo un buen rendimiento por izquierda, aportando movilidad, trabajo y capacidad para asociarse. España no dependió únicamente de sus extremos, pero ellos ayudaron a estirar defensas y abrir caminos.
Mikel Oyarzabal fue una de las figuras ofensivas más determinantes del torneo. Terminó con cinco goles y cumplió un papel fundamental como centrodelantero, moviéndose con inteligencia, atacando espacios y apareciendo en momentos importantes.
Ferran Torres, por su parte, quedará para siempre como el héroe de la final. Su gol en la prórroga ante Argentina lo pone en la historia grande de la selección española.
La nueva generación española ya no es solo una promesa. Es campeona de Europa, campeona de la Nations League y ahora campeona de la Copa.
Del lado argentino, la derrota también tiene un peso simbólico enorme. Lionel Messi probablemente disputó su último partido en una Copa y se quedó sin la posibilidad de levantar su segundo título mundialista.
Argentina llegó como vigente campeona y con una era dorada que comenzó en 2021, con títulos continentales y la Copa conquistada en Catar 2022. Durante varios años, la Albiceleste fue el equipo que mejor compitió en los escenarios decisivos.
Sin embargo, en la final ante España no pudo imponer su juego. Le costó generar peligro, sufrió la superioridad española y dependió durante demasiado tiempo de las atajadas del Dibu Martínez.
La expulsión de Enzo Fernández terminó de complicar un partido que ya venía siendo muy difícil. Aun así, Argentina resistió hasta la prórroga y volvió a mostrar carácter, aunque esta vez no le alcanzó.
La derrota no borra una etapa histórica, pero sí marca el cierre de un ciclo dominante. España fue superior y terminó arrebatándole la corona al campeón vigente.
Este título tiene un peso histórico enorme para España. Con su consagración en la Copa, la Roja alcanza su segunda estrella y se une a Francia y Uruguay como selecciones bicampeonas del mundo. Dieciséis años después de aquella generación dorada que conquistó Sudáfrica 2010, el fútbol español vuelve a tocar la cima.
La comparación con el equipo de 2010 es inevitable. Aquella selección tenía nombres legendarios como Xavi, Andrés Iniesta, Sergio Busquets, Iker Casillas, Carles Puyol, Sergio Ramos, David Villa o Fernando Torres. Probablemente, a nivel individual, fue un plantel con más figuras consagradas y con una influencia enorme en la historia del fútbol moderno.
Sin embargo, esta España campeona también construyó su propio legado. No necesitó tantos nombres históricos para dominar el torneo, sino un funcionamiento colectivo muy sólido, una defensa casi perfecta y una capacidad notable para controlar los momentos importantes de cada partido.
Si la España de 2010 quedó marcada por su posesión, su paciencia y su talento irrepetible en el mediocampo, esta versión de Luis de la Fuente se distinguió por su equilibrio. Fue un equipo capaz de dominar con la pelota, pero también de defender con autoridad, presionar alto, correr hacia atrás y competir con madurez en partidos de máxima exigencia.
El título llega, además, después de haber conquistado la Eurocopa 2024, confirmando que España no está viviendo un éxito aislado, sino el inicio de una nueva era. Con futbolistas jóvenes como Lamine Yamal, Pau Cubarsí, Pedro Porro, Nico Williams, Pedri y otros nombres llamados a seguir creciendo, la Roja todavía tiene muchísimo futuro por delante.
España vuelve a ponerse en la cima del fútbol mundial. Lo hizo con una generación distinta, con un estilo renovado y con una campaña que la confirma como la mejor selección del torneo. La segunda estrella ya está en el pecho, y el futuro parece igual de prometedor que el presente.
España fue el mejor equipo del torneo. Tuvo la propuesta más sólida, el mediocampo más dominante, una defensa casi perfecta y la capacidad de crecer en cada ronda.
Eliminó a grandes selecciones en el camino: Portugal de Cristiano Ronaldo, Bélgica, Francia y Argentina. Además, lo hizo manteniendo una identidad clara, sin renunciar a su estilo y mostrando madurez en los momentos más difíciles.
El título no fue producto de una noche aislada. Fue la consecuencia de un torneo brillante, de un equipo muy trabajado y de una generación que confirmó que está lista para marcar época.
La segunda estrella ya es una realidad. España vuelve a ser campeona de la Copa.
La Copa dejó una final histórica, una nueva campeona y una generación española que ya forma parte de la historia del fútbol.
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