El Mundial 2026 está cada vez más cerca y, como ocurre antes de cada Copa del Mundo, no solo se habla de favoritos, posibles revelaciones o grandes figuras. También aparece una pregunta incómoda: ¿qué selección puede ser la gran decepción del torneo?
Con el nuevo formato de 48 selecciones, más partidos y una ronda extra de eliminación directa, el margen de error será mucho menor. Una mala noche, un cruce incómodo o un bajón físico pueden dejar afuera muy temprano a selecciones que llegan con grandes expectativas.
No todas las decepciones se miden igual. Que una potencia como Argentina, Brasil o Inglaterra caiga antes de semifinales puede ser visto como un fracaso, mientras que para selecciones como Ecuador, Paraguay o Japón el objetivo puede ser simplemente competir bien y superar una ronda. Por eso, el análisis debe hacerse según el contexto, la historia y las expectativas de cada país.
A continuación, repasamos algunas selecciones que podrían decepcionar en el Mundial 2026.
Argentina puede ser una de las grandes candidatas a decepcionar en el Mundial 2026, no porque llegue sin calidad, sino justamente por todo lo contrario: llega como campeona defensora y con una presión enorme sobre sus hombros.
El equipo de Lionel Scaloni todavía mantiene buena parte de la base que conquistó Qatar 2022, con Lionel Messi como líder emocional y futbolístico, además de nombres importantes como Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Emiliano Martínez y Lautaro Martínez. Sin embargo, esa continuidad también puede ser una señal de alerta.
El gran interrogante pasa por el recambio generacional. Argentina sigue siendo competitiva, pero ya no parece tener el mismo impulso físico, emocional y colectivo que tuvo en el ciclo anterior. Varios jugadores importantes llegan con más edad, más desgaste y con la dificultad natural de repetir una hazaña tan grande como ganar una Copa del Mundo.
Además, aparece el famoso peso de la “maldición del campeón”, una tendencia que ha golpeado a varias selecciones campeonas en ediciones recientes. Italia en 2010, España en 2014 y Alemania en 2018 sufrieron eliminaciones tempranas después de levantar el título cuatro años antes.
Argentina tiene talento para competir, pero si no logra renovar energías y encontrar nuevas respuestas, podría quedarse más corta de lo esperado. Por historia reciente y expectativas, todo lo que no sea llegar muy lejos será leído como una decepción.
Inglaterra llega al Mundial 2026 con una de las plantillas más talentosas del torneo, pero también con una presión gigantesca. Para los ingleses, cada Copa del Mundo se vive como una oportunidad histórica para terminar con décadas de frustración.
El cambio de entrenador y la llegada de Thomas Tuchel al banquillo aumentan todavía más el foco sobre el equipo. Inglaterra tiene jugadores de talla mundial, pero también carga con dudas sobre cómo encajarán todas sus piezas en un torneo corto y de máxima exigencia.
El problema de Inglaterra no suele ser la falta de talento. El problema aparece cuando el equipo debe resolver partidos cerrados ante rivales grandes. En esos contextos, la ansiedad, la presión mediática y algunas decisiones tácticas pueden pesar demasiado.
Con figuras como Jude Bellingham, Harry Kane, Bukayo Saka, Phil Foden o Declan Rice, la vara está altísima. Por eso, cualquier eliminación antes de semifinales podría ser considerada un fracaso nacional.
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Brasil siempre está obligado a competir por el título, y eso convierte cualquier Mundial sin semifinales en una decepción. La Canarinha llega con Carlo Ancelotti como gran nombre en el banquillo y con futbolistas de enorme jerarquía, pero también con muchas dudas colectivas.
El proceso clasificatorio dejó señales preocupantes. Brasil no mostró una versión dominante, sufrió más de la cuenta y tuvo problemas para encontrar equilibrio entre defensa, mediocampo y ataque. Aunque cuenta con nombres como Vinicius Jr., Raphinha, Rodrygo y Neymar, todavía no parece tener una estructura completamente confiable.
El grupo tampoco será un paseo. Marruecos llega como semifinalista del último Mundial, Escocia puede ser un rival físico e incómodo, y Haití jugará sin presión. Si Brasil no empieza bien, la ansiedad puede instalarse rápido.
La gran pregunta es si Ancelotti logrará convertir el talento individual en un equipo sólido. Si no lo consigue, Brasil puede volver a quedarse corto y aumentar una sequía mundialista que ya pesa demasiado.
Bélgica aparece como una posible decepción porque el ciclo de su generación dorada parece haber llegado a su tramo final. Durante años, el equipo belga tuvo nombres suficientes para pelear títulos, pero nunca logró convertir ese talento en una consagración internacional.
Ahora, el panorama es distinto. Kevin De Bruyne sigue siendo una figura enorme, pero su estado físico y la carga de partidos generan dudas. Romelu Lukaku continúa siendo importante, aunque su rendimiento en grandes citas siempre suele estar bajo observación.
El problema de Bélgica es que ya no llega con la frescura ni el cartel de candidato que tuvo en mundiales anteriores. Sigue teniendo buenos jugadores, pero transmite la sensación de estar en una etapa de transición, donde algunos líderes históricos ya no están en su mejor momento y el recambio todavía no termina de consolidarse.
Un cruce complicado en dieciseisavos o una mala fase de grupos podría dejarla fuera muy temprano. Y para una selección que durante años fue considerada candidata, eso sería otro golpe duro.
Países Bajos tiene una de las mejores defensas del torneo, pero eso no elimina sus dudas. La selección neerlandesa cuenta con futbolistas de altísimo nivel como Virgil van Dijk, Nathan Aké, Micky van de Ven, Frenkie de Jong y Cody Gakpo, pero todavía arrastra interrogantes importantes en la construcción ofensiva.
La “Oranje” suele competir bien, tiene historia, jerarquía y una identidad fuerte, pero también lleva décadas sin poder cerrar el círculo en una Copa del Mundo. Tres finales perdidas y varias eliminaciones dolorosas alimentan esa sensación de deuda permanente.
El problema principal puede estar en los partidos donde deba asumir el protagonismo. Ante rivales replegados, Países Bajos podría sufrir si no encuentra claridad entre líneas o si no aparece un delantero con jerarquía para resolver partidos cerrados.
Tiene plantel para llegar lejos, pero también suficientes dudas como para quedarse antes de lo esperado.
México jugará el Mundial 2026 como anfitrión y eso puede ser una ventaja enorme, pero también una carga muy pesada. La selección mexicana compartirá el Grupo A con Sudáfrica, Corea del Sur y República Checa, una zona que parece accesible, pero que no permite relajaciones.
La presión sobre México será enorme. Jugar en casa obliga al equipo a competir, avanzar y convencer. No bastará con superar la fase de grupos: la afición esperará una campaña importante, como mínimo llegando a instancias donde pueda ilusionarse con algo grande.
El problema es que el entorno llega cargado de escepticismo. México no atraviesa su etapa más brillante y cualquier tropiezo ante rivales considerados parejos puede convertirse rápidamente en crisis.
Si no gana el grupo o si queda eliminado en una de las primeras rondas de eliminación directa, el Mundial en casa podría transformarse en una enorme decepción.
Estados Unidos también tendrá el peso de la localía. El equipo norteamericano llega con una generación interesante, liderada por Christian Pulisic y acompañada por jugadores como Weston McKennie, Tyler Adams, Gio Reyna y Antonee Robinson.
La expectativa es grande porque el fútbol estadounidense ha crecido mucho en los últimos años. Sin embargo, ahí aparece justamente el riesgo: el entusiasmo puede ser mayor que la realidad competitiva del equipo.
Estados Unidos suele competir bien en fase de grupos, pero todavía debe demostrar que puede dar el salto ante selecciones de élite. Su brecha táctica frente a potencias europeas o sudamericanas sigue siendo una duda importante.
Si el equipo no logra avanzar al menos una o dos rondas, la sensación puede ser amarga. Sobre todo porque jugar en casa convierte este Mundial en una oportunidad histórica.
Si hay que elegir una selección con mayor riesgo de decepcionar, Argentina aparece como una candidata fuerte. No porque no tenga calidad, sino porque llega con la vara más alta posible: es la campeona del mundo.
El problema para la Albiceleste será sostener el hambre competitivo después de haber ganado todo. La base sigue siendo muy parecida a la de Qatar 2022, pero el torneo será más exigente, el calendario más largo y el contexto físico más duro.
Brasil e Inglaterra también tienen mucha presión, pero Argentina carga con algo diferente: defender una corona mundial con una generación que parece más cerca del cierre que de un nuevo inicio.
La Copa del Mundo siempre permite sorpresas, pero también castiga cualquier señal de desgaste. Y en ese sentido, Argentina puede ser una de las selecciones más expuestas.
El Mundial 2026 promete emociones desde la fase de grupos, con selecciones favoritas, posibles revelaciones y también equipos que podrían quedarse por debajo de lo esperado.
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